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Perfil de las mujeres privadas de libertad víctimas de Violencia de Género




Este estudio tiene como objetivo principal analizar el perfil de las mujeres en prisión que han sido víctimas de violencia de género. En primer lugar, cabe destacar que la mayoría de la muestra de mujeres en prisión, el 72,6%, afirma haber sufrido violencia de género (ya sea de índole psicológica, física o sexual). Cuando se analiza el tipo de violencia más prevalente, las mujeres en prisión afirman haber sufrido, en un 69,7% de los casos, violencia psicológica, y en un 61,4%, física. En menor medida, dicen haber experimentado violencia sexual (46,4% de la muestra). Hay que decir que casi el 55% de las mujeres víctimas reconocen que sufrieron tanto violencia psicológica, como física y sexual.


En segundo lugar, cuando se compara al grupo de mujeres víctimas de violencia de género con las mujeres en prisión que dicen no haber sufrido este tipo de violencia, se observa que las mujeres víctimas presentan una serie de características y factores de riesgo diferenciales. A nivel sociodemográfico, las mujeres que han sido víctimas de violencia de género suelen estar en mayor proporción solteras o separadas, teniendo un menor número de hijos/as. En el resto de variables sociodemográficas (nacionalidad, nivel de estudios, situación laboral antes del ingreso, etc.) no se observan diferencias significativas en-

tre ambos grupos.


Sin embargo, hay claras diferencias en cuanto a los factores de riesgo en la infancia y en la actualidad. Las mujeres en prisión que han sido víctimas de violencia de género proceden de familias desestructuradas donde ha habido, en mayor medida, consumo de drogas por parte de algún familiar, problemas psicológicos en alguna persona de la familia, en la que han presenciado agresiones entre sus progenitores y en la que existía una mayor tasa de desempleo en alguno de éstos. Además, las mujeres víctimas han sufrido malos tratos durante su infancia (cuadruplicando el porcentaje de las mujeres no víctimas) y han sido expulsadas de casa en una mayor proporción respecto al grupo de comparación. Casi la mitad de las mujeres víctimas de violencia de género también han sido víctimas de abuso sexual durante su infancia. Por último, cabe destacar que más del 70% de las mujeres que han sufrido violencia de género consumen sustancias, doblando el porcentaje de las mujeres en prisión que dicen no ser víctimas.


Estas diferencias en la mayor presencia de factores de riesgo se manifiestan a nivel psicológico. Las mujeres víctimas de violencia de género refieren mayor grado de síntomas psicopatológicos como depresión, ansiedad o pánico. Además, manifiestan que pueden contar con un número menor de personas en caso de necesidad y están menos satisfechas con el apoyo recibido. Por último, las mujeres víctimas tienden a actuar de forma irreflexiva e impulsiva, siendo menos capaces de organizarse y planificar si se compara con el grupo de mujeres no víctimas de violencia de género. No obstante, estos resultados hay que tomarlos con cautela porque las mujeres víctimas presentan mayor deseabilidad social y, por tanto, pueden haberse presentado de forma socialmente más aceptable.


Por otro lado, la múltiples victimizaciones y traumas vividos durante la infancia derivan en un mayor porcentaje de mujeres víctimas de violencia de género que padecen algún tipo de enfermedad mental y que acaban en algún intento de autolesión en prisión, siendo este porcentaje el doble cuando se compara con el grupo de mujeres no víctimas. Sin embargo, menos del 40% de las mujeres víctimas ha recibido algún tratamiento psicológico o psiquiátrico fuera de prisión y, sólo el 31% han accedido a tratamiento psicológico o psiquiátrico dentro del centro penitenciario. En cuanto al tratamiento específico de drogodependencia, teniendo en cuenta que más del 70% de las mujeres víctimas de violencia de género tiene un problema de consumo de sustancias, sólo la mitad de ellas han seguido algún tratamiento fuera o dentro de prisión. Sobre esto, cabe mencionar que menos de la mitad de las mujeres están satisfechas con el programa de tratamiento para drogodependencias y que el 10% modificaría algún aspecto del programa. No obstante, casi el 70% de las mujeres encuestadas opina que han sido informadas adecuadamente de los programas de tratamiento y estarían dispuestas a realizarlos. El motivo por el cual lo harían sería, en primer lugar, para cuidarse y mejorar su salud, seguido de mejorar como persona o mejorar su relaciones familiares e interpersonales. Por el contrario, el motivo más esgrimido para no realizar ningún tratamiento es que no lo necesitan actualmente. Esta falta de conciencia de problemas se combina con la creencia de que los programas de intervención en prisión no les ayudan y/o con la aparición de cierta desconfianza hacia el tratamiento o hacia los profesionales que lo llevan a cabo. De hecho, el motivo más frecuente para abandonar el tratamiento es la baja voluntaria.


Por último, la mayoría de las mujeres víctimas de violencia de género piensan que los tratamientos en prisión cubren por igual las necesidades de hombres y mujeres. No obstante, opinan que los hombres en prisión disponen de mayor variedad de actividades laborales y formativas. Además, casi un 40% de las mujeres víctimas de violencia de género se sienten juzgadas más duramente que los hombres por parte de la sociedad.

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